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Rabia e indignación. Vecinos de la calle Hospital de San Miguel protestaron por la puesta en libertad de Antonio B. G., el presunto pederasta con domicilio en la misma zona de la capital. Residentes lamentan que regrese a la calle al grito de “¿Dónde está la justicia?”.

“Sospechábamos, porque había rumores, pero nunca pensamos que podía ser cierto”. La declaración es de Jennifer, de veintiun años. Resume la rabia e indignación que reina en Hospital de San Miguel, una calle escondida y estrecha. La casa de Jennifer está justo al lado de la de Antonio B. G., entrenador de fútbol sala, el presunto pederasta que abandonó la prisión a las ocho de la tarde del viernes.

La joven relató la última vez que, hasta la fecha, coincidió con Antonio B. G. cerca de las diez de la noche del viernes, ya liberado. “Salí de mi piso. Había quedado para cenar. Y me lo encontré en su casa. ‘Ya estoy aquí, os vais a enterar’. Eso fue lo que me dijo”, narró la joven, vecina de toda la vida del presunto pederasta. Jennifer no fue la única que medió, fugazmente, palabra con Antonio B. G. la noche en que este regresó a su hogar. “Yo también me lo encontré’, me amenazó con una bordería de mal gusto. Es un sinvergüenza”, expresó otra vecina.

La afluencia de personas en Hospital de San Miguel comenzó a crecer poco después de las cinco y media de la tarde de ayer. Adultos —la mayoría mujeres— portaron letreros —adosados algunos a sus propios cuerpos— con duras críticas para el entrenador de fútbol sala. El contenido de los mensajes era, en esencia, el mismo que reza en una enorme pancarta que aún cubre la casa de Antonio          B. G.: “No queremos al pedófilo. ¿Dónde está la justicia?”. Jennifer, enérgica durante toda su comparecencia ante los medios, también expresó otro: “Les quiero decir a quienes pueden denunciar a este hombre que estamos con ellos. Necesitamos que pidan justicia igual que lo hacemos nosotros”, dijo.

“Es lamentable que hayamos llegado a este punto”, comentó otra residente mientras observaba el domicilio de Antonio B. G., que, luego de su retorno la noche del pasado viernes, no volvió a ser visto por ninguno de los que se manifestaron. “Estará refugiado en la casa de su prima, que es la que lo visitaba para llevarle la comida a sus gatos”, especuló una mujer. “Tiene más de veinte felinos”, agregó. Un hombre que, como la mayoría de vecinos, prefiere seguir en el anonimato tuvo un breve diálogo con Antonio         B. G. sobre las once de la noche del viernes. “Vi una luz en su inmueble. Como ya habían robado en él con anterioridad, pensé en acercarme para ver qué pasaba”, informó a este periódico. “Entonces llamé al timbre. Él, que estaba tapado por una cortina, me preguntÓ: ‘¿Qué quieres?’. Yo le contesté que había visto la luz encendida y quería saber si alguien estaba dentro de su casa. ‘Aquí ya no vuelve a entrar nadie’, me dijo”, recordó. “Ese hombre no debe volver aquí. Nos está complicando la vida a todos. Por esta calle pasan muchos pequeños sin ropa durante los meses de verano”, manifestó, preocupado.

temor por los menores. Los protagonistas de la manifestación, vecinos de Hospital de San Miguel, tienen una preocupación: los menores, sus hijos. “Solo de pensar que ha podido grabar a algunos de los que están aquí me pongo mala”, confesó una señora. “Eso no hay cómo quitárselo ahora de la cabeza”, añadió. En la protesta hubo pequeños. La puerta de Antonio B. G. tiene un cristal roto. Hay gatos que se asoman por una ventana del piso de arriba. 

Fuente: diariojaen.es

About YoArnold83

Nacido en Jaén y criado en Pegalajar, amante de la naturaleza, el deporte, la tecnología...
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