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Cientos de jiennenses acudieron a la iglesia de la Merced para despedir a los jóvenes Alejandro Espinar y Natalia Barragán, fallecidos el sábado en un accidente de tráfico. Familiares, amigos y vecinos dieron el último adiós en un emotivo funeral de entierro. El día amaneció frío y con una niebla espesa, que casi se podía tocar.

En el exterior de la iglesia de la Merced, junto a la entrada principal —abierta—, algunas decenas de personas intentaban escuchar las palabras del sacerdote. Los dos vehículos fúnebres, que transportaron los féretros de los dos jóvenes, descansaban en la plaza, camuflados bajo las coronas de flores de los familiares, los amigos, los centros educativos, los vecinos, los centros de trabajo de los padres y un largo etcétera. 

En el interior del templo unas quinientas personas, muchas de pie, en un silencio respetuoso, atendían a la misa funeral por el eterno descanso de Alejandro Espinar y Natalia Barragán, la joven pareja que falleció, el pasado sábado de madrugada, en un accidente de tráfico cuyas causas investiga aún la Policía Local. Una celebración conjunta, como ya lo fue, horas antes, el velatorio y que empezó a las diez y media de la mañana. La eucaristía contó con la participación de un coro con una voz femenina principal que, por momentos, estremecía, inundaba el templo con sus notas y unas canciones que hablaban de la eternidad del alma, de la vida que continúa más allá de la terrenal.

Gran parte de los asistentes al culto eran muy jóvenes, algunos apenas adolescentes. Cabe recordar que Natalia tenía solo dieciocho años y Alex, veinte y que ambos eran deportistas de amplia trayectoria: ella en el fútbol y él, en el baloncesto.

La quietud estuvo a punto de quebrarse en el momento de darse la paz. A los besos y abrazos de familiares, amigos, vecinos y fieles siguieron llantos breves, sentimientos prestos a explotar que anticipaban lo que vino después.

El sacerdote oficiante pidió, antes de terminar el funeral —tras el que los cuerpos fueron incinerados—, que los presentes no fueran a dar el pésame a la familia. “Están muy cansados, pero os agradecen mucho que los hayáis acompañado”, apuntó el párroco.

Al finalizar llegaron las escenas de dolor, el que se había contenido; las lágrimas retenidas por respeto, por una inexplicable vergüenza. Los féretros se despidieron de los altos techos de Nuestra Señora de la Merced. Detrás del de Natalia, en dos filas desconsoladas, sus compañeras del Martos Fútbol Sala, vestidas con la equipación deportiva, sin poder disimular su tristeza.

Los coches fúnebres salieron con lentitud de la plaza repleta de rostros compungidos y de paraguas. Había empezado a llover.

Fuente: diariojaen.es

About YoArnold83

Nacido en Jaén y criado en Pegalajar, amante de la naturaleza, el deporte, la tecnología...
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