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La Policía Nacional ejecutó ayer la orden de un juez de Jaén para desalojar el poblado de chabolas existente desde hace más de un año en un solar de la Avenida de Madrid, junto a la fábrica de galletas. Las casi treinta personas que malviven en este improvisado campamento deben abandonarlo hoy. De lo contrario, se exponen a ser arrestados por desobediencia.

'No tenemos donde ir”, se lamenta Nicolai, el patriarca de una de las familias, mientras trata de guardar sus escasas pertenencias en un carrito de supermercado. Con él transporta hacia una vieja furgoneta un colchón, varias bolsas grandes con ropa y mantas. Toda su gente tiene que hacer las “maletas” y marcharse del lugar en el que han estado viviendo los últimos meses. Los propietarios del terreno presentaron una denuncia ante la Justicia por ocupación ilegal del terreno. Un juez ha ordenado el desalojo de este campamento ilegal y la decisión fue ejecutada ayer por la Policía Nacional.

A primera hora de la mañana, una docena de agentes de los Grupos Operativos de Respuesta (GOR) —los “hurones” en el argot de la Comisaría— se personó en el solar. Llevaban la orden firmada por el juez José Miguel Álvarez López, de Instrucción número 3 de Jaén. Las instrucciones de su señoría eran claras: había que desmantelar el campamento en menos de 24 horas. La Policía comunicó la decisión a los chabolistas. Hoy no debe quedar nadie allí: “De lo contrario se exponen a ser detenidos por un delito de desobediencia”, explica el portavoz de la Comisaría, Diego Moya. Los agentes identificaron a las veinticinco personas que estaban en ese momento en el campamento. Pertenecían a varias familias de nacionalidad rumana, algunas de ellas con niños pequeños. Malviven recogiendo chatarra y buscando en los contenedores. “Aquí no hacemos daño a nadie. No robamos ni hacemos nada malo. ¿Qué vamos a hacer ahora”, chapurrea un joven que dice llamarse Radut. Hay constancia de que el asentamiento comenzó a levantarse en enero de 2013, es decir, hace ya más de un año. El poblado está formado por, al menos, cinco chabolas. Pequeñas construcciones hechas a mano con tablas, plásticos y telas. En algunas hay que entrar agachados y tan solo cabe un colchón. Un campamento que, en pleno casco urbano, refleja la miseria. “Se pasa mucho frío, pero es lo mejor que tenemos”, asegura, con resignación, el patriarca Nicolai, mientras trata de calentarse las manos en una hoguera. Hoy, la Policía volverá al poblado. En teoría, no debe quedar nada ni nadie. Cualquier persona que resida allí será detenida por incumplir una orden judicial. Es la vida de esta gente, acostumbrada a ser nómadas y a vivir la cara más feroz de la crisis. 

Fuente: diariojaen.es

About YoArnold83

Nacido en Jaén y criado en Pegalajar, amante de la naturaleza, el deporte, la tecnología...
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