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Hora punta en la céntrica calle Navas de Tolosa, muy cerca de la Estación de Autobuses. De repente, comienzan a escucharse sirenas y a llegar coches policiales. En cuestión de minutos, una veintena de agentes toma, literalmente, la zona. En la Comisaría, situada a apenas 200 metros, acaban de recibir la llamada de una mujer que, angustiada y desesperada, asegura que un hombre acaba de secuestrar a su hija, de tan solo diez años.

La Policía Nacional activa el protocolo previsto para estos casos, muy similar a cuando se registra una amenaza terrorista. Sin embargo, todo se queda en una falsa alarma causada por una fatal casualidad. Y es que, en realidad, no se produjo secuestro alguno y todo se quedó en un susto.

Lo que ocurrió fue que el azar quiso que la mujer, que al parecer sufre algún tipo de trastorno mental, se encontrara en la calle Navas de Tolosa con su hija, cuya custodia perdió hace unos años como consecuencia de un expediente iniciado por la Junta de Andalucía. La niña iba acompañada por su padre de acogida. El portavoz oficial de la Policía, Diego Moya, explica que la mujer reaccionó de forma agresiva cuando vio a la menor. Testigos presenciales relataron a los agentes que se abalanzó sobre el hombre y comenzó a increparlo, a golpearlo y a darle patadas, mientras que, a gritos, lo acusaba de secuestrar a la niña.

Muchas personas que estaban a su alrededor se acercaron e, incluso, trataron de ayudar a la mujer debido al estado de desesperación que demostraba. Fue en ese momento cuando la madre biológica, una tosiriana de 56 años, dio el aviso telefónico a la Policía. En la sala del 091 también se recibieron otras llamadas de particulares para avisar de que acababan de secuestrar a una niña. Mientras, el padre de acogida cogió a la pequeña y se marchó del lugar para evitar tensiones, lo que agravó aún más el malentendido. Se dirigió hacia la Delegación de Bienestar Social, situada en el Paseo de la Estación, para pedir ayuda, tal y como explica el portavoz de la Comisaría.

De forma paralela, decenas de policías acordonaron la zona y pusieron en marcha la “operación Jaula”. Cerraron todos los accesos de la ciudad como medida de previsión. Y es que todavía se desconocía lo que realmente estaba ocurriendo. Finalmente, los agentes pudieron comprobar que la mujer tenía retirada la custodia de su hija y lograron localizar al padre de acogida en las dependencias de la Junta a las que se había dirigido. Se le habían roto las gafas por la agresión. Finalmente, no denunció.

Fuente: diariojaen.es

About YoArnold83

Nacido en Jaén y criado en Pegalajar, amante de la naturaleza, el deporte, la tecnología...
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